martes, 2 de junio de 2009

FANTASMA EN LA FAMILIA



Nací en una familia de clase media, éramos tres hermanos, cada uno diferente del otro. El mayor es Juan, de carácter sonriente y siempre alegre; el menor es Jonathan de carácter duro, enojón pero muy estudioso; yo era el más callado, el fantasma de la familia, siempre encerrado en mi mundo, tragándome mis problemas y angustias para no agobiar a nadie.
Mi padre un hombre recto, siempre al pendiente de las cosas materiales que nos faltaban; mi madre una señora trabajadora y buena ama de casa, siempre peleando . Cada uno tenía su preferido, mi padre se identificaba con Juan y mi madre con Jonathan; aunque los dos decían que me querían mucho siempre pasaba a segundo término y ellos se ocupaban de los problemas de mis hermanos, yo creo que porque yo nunca platicaba los míos, cada que me preguntaban que tenía contestaba que nada y no volvían a insistir, aunque dentro de mi gritaba que me volvieran a preguntar y poder explicar todos los problemas que ahogaban mi existencia.
En la escuela siempre fui callado, no tenía amigos, solo puros compañeros a los que les hablaba solo para lo indispensable. Una amistad verdadera la encontré hasta entrar a la preparatoria a Carlos quien era el único que se preocupaba por lo que me pasaba.
Volviendo a mi familia, para ser reconocido tenía que hacer un doble esfuerzo en todo lo que hacía para que mi familia volteara sus ojos a mi .
Conforme fui creciendo mi presencia se hacia más imperceptible al borde de que cuando llegaba tarde, ya habían comido y me tenía que calentar mi comida y comer solo en un gran comedor de la cocina y sin ningún alma con quien intercambiar una palabra, mientras oía en la sala risas de mi familia con quien me hubiera gustado compartir mis penas.
Al ingresar a la preparatoria el tiempo que compartía con mi familia iba siendo menos, pues a los eventos familiares ya no asistía por hacer tareas.
Mi problema aumentó al doble al enamorarme de una mujer que era muy popular en el salón. Cierta ocasión al revelarle mis sentimientos en una carta, me miró con ojos fríos, me devolvió la carta y entre risas dijo “jamás”. Mi alma estaba desecha, caminé por horas bajo la lluvia y tan confundido estaba que acudí a Carlos, pero no estaba, seguí dando vueltas por todos lados y al llegar muy tarde a mi casa, mojado hasta los huesos, mis padres no preguntaron porqué, esa fue la gota que derramó el vaso. Subí a mi cuarto y decidí que me haría notar, que dejaría de ser el fantasma que de repente aparecía en sus vidas así que con la frente en alto fui a mi cuarto, me bañe, sequé las lágrimas de mi rostro que se confundían con el agua, me vestí muy elegante y lo hice, funcionó de maravilla y ahora nunca me olvidan. Logré penetrarme en sus recuerdos, lástima que el costo fue mi propia vida, “sí” , salté de la azotea y ahora en el panteón descansa sobre mi un epitafio que dice :
“ Aquí yace un hijo fantasma”.

1 comentario:

Sakura Ai dijo...

ME ENCANTO!!! dice tanto...