
El fin del mundo comienza, en el cielo se dibuja el rostro de la muerte.
La última guerra ha comenzado pero no por territorio ni entre naciones sino la batalla entre la vida y la muerte. Del cielo han bajado 4 jinetes, cada uno es temible, cada uno sólo trae más muerte, hambruna, enfermedades, y parajes desoladores. La gente cae en las calles de la ciudad, el calor del día pudre sus cuerpos, las familias se intentan escudar ante una imagen pero ya es tarde, el veredicto se ha dictado, la sentencia se está cumpliendo, la muerte de todo ser vivo en la Tierra se lleva a cabo, en las playas el mar de peces muertos cubre el azul, toda forma de vida cae implacable, no hay nada que hacer.
La gente se amotina en las iglesias intentando buscar refugio pero las puertas selladas sólo dejan ver cadáveres malolientes. La muerte no tiene predilectos, pasa y se lleva la vida de niños, ricos y pobres.
El mundo se está dividiendo en partes, cada Jinete apocalíptico ha tomado un rumbo distinto, aquí donde estoy yo ha venido el Jinete de caballo rojo, el que trae las enfermedades, enfermedades que son incurables, que acaban con todo. Yo estoy temblando en un rincón de la sala, temeroso de lo que ya sé, tiene que pasar. Venciendo el miedo me asomo a la ventana y una alfombra de cadáveres en la calle me provoca un escalofrío que recorre todo mi cuerpo, abro la puerta y a pesar de que mi esposa e hijos ruegan que no salga lo hago. Ya afuera un silencio desgarrador nubla mi mente, camino entre los cadáveres putrefactos hasta llegar a un altar, pregunto porqué ha pasado esto, pero la imagen se mantiene muda, a lo lejos oigo una voz que me responde: El hombre es el único culpable de la purificación que la Tierra lleva a cabo.
Luego a mis oídos llega el sonido de unos casquillos de caballo, la penumbra se disipa sólo para mostrarme al Jinete del caballo rojo, mi cuerpo no se puede mover y sólo veo a su rostro cadavérico decir: Por tus pecados no morirás y tu castigo será ver la muerte del mundo. Le suplico que mejor prefiero la muerte antes de ver como mueren mis seres queridos, pero él no me hace caso y se marcha. Corro a mi casa sólo para llegar y ver a mi familia agonizando y suplicando ayuda, pero no puedo hacer nada, sólo grito con desesperación.
Al gritar despierto sobresaltado de mi cama, un sudor frío recorre mi cuerpo, aclaro mi mente –sólo fue una pesadilla- y descansa mi cuerpo pero de pronto el silencio del lugar me aterra así que de un salto salgo de mi cuarto pero no hay nadie, y al salir a la calle el panorama es desolador, así que caigo de rodillas y comprendo que soy el único ser en la Tierra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario